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Polarización y extremismo

Updated: Jul 2





Autor: Neftalí Villanueva



Hay una multitud de conceptos que podemos estar poniendo en juego cuando hablamos de “polarización”. Saber de qué hablamos exactamente cuando usamos el término resulta crucial por varios motivos. En primer lugar, aunque la polarización se presenta como una tendencia que pone sistemáticamente en peligro el funcionamiento normal de las instituciones en las democracias contemporáneas, no todos los fenómenos a los que podemos referirnos mediante el uso de la expresión tienen por qué resultar igualmente nocivos. En ocasiones, cuando el panorama electoral es suficientemente homogéneo, puede haber alternativas políticas perfectamente legítimas que no se vean reflejadas en ningún partido. En contextos de este estilo, el aumento de algún tipo de polarización puede ser necesario para que el voto femenino, los derechos civiles o el divorcio legal se puedan defender políticamente. En segundo lugar, no todas las nociones de polarización están igualmente sustentadas por la evidencia empírica de la que disponemos. Sabemos muchas cosas acerca de la dinámica de la polarización, al menos acerca de cómo aumenta y disminuye algún tipo de polarización. Por último, estrechamente ligado con lo anterior, allí donde la polarización constituye un problema, ser capaz de identificar de qué tipo de polarización hablamos exactamente es esencial para diseñar la mejor estrategia con el objetivo de detectar estos procesos o de revertirlos.


Aunque la terminología puede variar, estas son algunas de las intuiciones que pueden movilizarse cuando se usa el término polarización:


Polarización intergrupal Vs. Polarización intragrupal. Quienes se preocupan por la polarización política suelen asumir que para que exista polarización necesitamos que la opinión pública acerca de algún tema en concreto pase de una distribución aproximadamente normal a dos o más grupos. Muchos de los estudios acerca de cómo aumenta la polarización se centran, sin embargo, en lo que ocurre dentro de un solo grupo. Cuando personas con ideas semejantes discuten, las opiniones de las personas del grupo suelen volverse más extremas. En este sentido, pueden polarizarse las opiniones de un grupo tomado aisladamente, sin que exista nadie fuera a quien oponerse.


Polarización como plataforma Vs polarización partisana (Talisse 2019, 98-99). Cuando aumenta nuestra capacidad para predecir lo que una persona pensará sobre un tema cualquiera por el hecho de saber lo que piensa acerca de otro diferente, y sin conexión con el primero, pensamos que aumenta la polarización. En un contexto polarizado, es posible predecir lo que alguien piensa acerca de la política migratoria a partir de lo que piensa sobre la regulación de la libertad de expresión, por ejemplo, dos cuestiones que en principio no tienen demasiado que ver la una con la otra. La construcción de identidades políticas que cubren más y más espacio se asocia en ocasiones con un aumento de la polarización. También hablamos de polarización cuando aumenta el número de personas dentro de un grupo que se alinean sin fisuras con el conjunto de cuestiones que marcan la identidad política en cuestión. El aumento del partisanismo es otra de las intuiciones que se asocia con la polarización.

Polarización ideológica Vs. Polarización afectiva. Existen quienes piensan que saber si la opinión pública está polarizada, en un contexto determinado, consiste en determinar lo que la gente cree. Es lo que uno cree, lo que está dispuesto respaldar, lo que determina que podamos decir si estamos polarizados o no. Otros, por contra, defienden que el aumento de la polarización no depende de nuestras actitudes cognitivas, las que son del estilo de nuestras creencias, sino de nuestras actitudes conativas, las que son del estilo de nuestros deseos. Hay más polarización cuando aumenta la animadversión que un grupo siente hacia grupos distintos.


Polarización como extremismo Vs. Polarización como radicalización. Es una distinción en línea con la presentada en 3, pero que permite separarnos de la exaltación de la equidistancia política, por un lado, y, por otro, no requiere justificar la diferencia de principio entre cognitivo y conativo. La polarización como extremismo, a la que podríamos llamar polarización youtube, asume que polarizarse consiste en cambiar de creencias para ir acercándose paulatinamente a uno de los polos de un imaginario espectro político. Se polariza, por ejemplo, quien pasa de creer que la regulación estatal de algunas actividades económicas puede ser beneficiosa para la economía de un país a creer que todas las empresas que se ocupan de bienes estratégicos tienen que estar bajo el control del estado. Da un paso más si pasa a creer que la iniciativa empresarial privada es contraproducente para la economía nacional. Quien así procede, actúa como lo hacía el algoritmo de youtube, cuyo objetivo es captar nuestra atención durante todo el tiempo que sea posible a costa de ofrecernos contenido cada vez más extremo; nos hace pasar de una receta para una quiche vegetal a un vídeo acerca del especismo y de ahí a uno acerca de la élite reptiliana que controla en la sombra toda la política europea. Pese a que es usual el término “polarización” para referirse a este proceso de radicalización, sorprendentemente no es este el tipo de polarización que más debería preocuparnos. La polarización como radicalismo, la que entendemos que resulta más preocupante en nuestro contexto político, es la polarización spotify. Spotify no te sugiere música afín para hacerte cada vez más extremista, no pretende que empieces escuchando a Dire Straits para convertirte paso a paso en un fan de Sepultura. Spotify te ofrece más y más de lo que ya te gusta. El objetivo de su algoritmo es retenerte a costa de convertirte en un fanático de lo que ya te encanta. Quien se polariza, en este sentido, no cambia de creencias para adoptar posiciones más extremas, se vuelve alguien tan convencido de la verdad de lo que ya cree que es impermeable a las razones de los demás. Este proceso tampoco nos es ajeno. Asignamos a muchas de nuestras creencias un nivel de credibilidad tal que resulta simplemente irracional prestar atención a quien piensa de manera diferente. Curiosamente, esta credibilidad desaforada no está siempre ligada a la evidencia de la que disponemos. Es irracional para mí dedicar horas a estudiar vídeos de terraplanistas en youtube, pese a que la evidencia directa de la que dispongo para apoyar mi creencia acerca de la forma de la Tierra es realmente limitada. Cuando este tipo de polarización aumenta de manera descontrolada, se resiente el funcionamiento de las instituciones democráticas cuyo objetivo es la toma de decisiones como resultado de un proceso de deliberación inclusivo.


Referencias:

Talisse, R. 2019. Overdoing Democracy. Oxford: Oxford University Press.




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