Search

Filosofía Aplicada





AUTOR: Jesús Vega


Muchos asuntos de la vida privada y de la vida pública van de suyo; muchos otros suscitan dilemas que se antojan irresolubles; algunos nos instalan en la indiferencia; otros provocan enconados debates y enfrentamientos. Todos ellos nos reclaman pensar una y otra vez en su significación, en cómo colaboran a dar sentido y valor a lo que hacemos, o a determinar aquello que pensamos que hemos de hacer o dejar de hacer para llevar adelante nuestros proyectos de vida personal o colectiva. Y todos ellos además nos obligan a identificar conceptos, a elucidar su aplicación y su alcance, a revisar sus usos, a examinar cómo nos ayudan a articular nuestros dilemas morales o políticos, o cómo nos enredan en problemas inextricables. Ese trabajo conceptual es insoslayable; forma parte de las exigencias de una vida examinada y de las condiciones para que seamos capaces personal y colectivamente de saber bajo qué premisas encaramos y pretendemos resolver nuestros retos como sociedad.


Contribuir a este trabajo conceptual es uno de los compromisos de la filosofía aplicada. La filosofía no se limita a proponer avances especulativos y a resolver problemas de naturaleza abstracta sino también a enfrentar retos y desafíos en asuntos que nos conciernen y nos tocan muy de cerca. En esa medida traslada sus herramientas de análisis crítico y conceptual para identificar, examinar y comprender lo que está en juego en muchos ámbitos de la vida cotidiana y de la vida pública, lo que en ocasiones se presenta con la obviedad de lo inevitable y en otras muchas como una maraña inextricable. El cuidado conceptual -bien informado por aquello que sabemos- es una tarea filosófica que pide analizar los conceptos con que pensamos cada problema, revisarlos profundamente, abandonarlos si fuera necesario y diseñar y crear muchos otros.


La filosofía aplicada nace, pues, con vocación de ocuparse de lo que nos toca de cerca y de hacerlo atendiendo a las demandas normativas de cada situación. Busca dar respuesta a cuestiones normativas sobre lo que se ha de creer o lo que se ha de hacer; no pretende necesariamente prescribirlas, pero sí ayudar a entender el tipo de valores y de normas a los que apelamos en nuestras deliberaciones privadas y debates públicos, y a dibujar un marco de respuestas posibles justificadas. Confía en que una mejora conceptual contribuirá a encarar también en mejores condiciones los retos a los que nos enfrentamos como sociedad. Su aspiración es transformadora, pues con conceptos mejorados daremos mejor cuenta también de los problemas.

La filosofía aplicada no es necesariamente filosofía popular. Aunque su motivación sea menos poner el foco en la discusión teórica y fundamental, de orden abstracto, de los problemas filosóficos que abrir un espacio para abordar asuntos mundanos, retos y controversias existentes y a las que nos enfrentamos a nivel personal, social y político, no asume por ello que los conceptos elaborados por las distintas disciplinas y subdisciplinas filosóficas hayan de ser “accesibles” o amigables, adaptados a las necesidades del “usuario”. Es investigación filosófica que, con una metodología rica y algo ecléctica (que se siente cómoda tanto al practicar la ingeniería conceptual como al apelar a la evidencia empírica o al desarrollar herramientas de filosofía experimental), teoriza y modela sobre problemas y situaciones que nos conciernen prácticamente. No cabe esperar de ella “productos filosóficos” hechos a medida de una audiencia amplia que podría adoptarlos para su consumo.


La propia denominación de filosofía aplicada podría hacer pensar que lo que se pone en marcha es una disciplina dependiente de los resultados teóricos y más especulativos de la reflexión filosófica. El esquema es bien conocido, de arriba abajo, a modo de expertos que disponen de herramientas teóricas y de modelado para dar cuenta particularmente de asuntos –complejos y a veces enmarañados- que se supone que nos afectan y que las herramientas filosóficas pueden iluminar. Pero incluso si uno concediera que existe un dominio de conocimiento experto filosófico, y que este estuviera bien “codificado” en los logros que nutren nuestros manuales y nuestra investigación más puntera, uno no tiene por qué asumir un modelo jerárquico, cuya vigencia uno podría igualmente discutir en las investigaciones científicas. No es una aplicación de teorías filosóficas válidas, por así decir.

¿Por qué no ensayar también modelos que crezcan desde abajo, que estén embebidos de las marañas conceptuales y normativas en las que nos encontramos? Uno de los aspectos por los que habría de destacar una filosofía que se dice aplicada es por dar cuenta de la significación de ciertas preguntas. Significación implica un cuestionamiento sobre el valor, y estos cuestionamientos necesitan arraigar en experiencias que están trufadas ya de pensamiento, más o menos reflexivo, más o menos elaborado. Qué sea un problema que requiera un cierto acercamiento filosófico no es asunto que esté solo definido por la aplicación de las “teorías” filosóficas. Nos deberíamos enfrentar seriamente a las exigencias de pensamiento que la experiencia nos dirige y asumir que las herramientas filosóficas (conceptuales o de otro tipo) a veces fracasan en iluminar una situación, no solo por inadecuación sino porque en ocasiones son parte del problema, de la incapacidad para el reconocimiento de esas demandas, que son personales, sociales, culturales.

Los retos y desafíos a los que hay que responder no están -ni puede ser- dictados. Aquellos que ordenan nuestras políticas y declaraciones públicas no son necesariamente aquellos que son más acuciantes. O, si lo son, no están necesariamente vistos desde la urgencia y las demandas de lo que importa. Al menos eso ha de asumir el pensamiento filosófico, que tiene que encarar siempre la tarea de resignificar los desafíos o de identificar nuevos. La filosofía aplicada es mundana, no popular. Ha de beber de un choque con una realidad donde los conceptos cobran vida, ha de contribuir a esclarecer lo más básico, aquello que estamos expresando o pensando, y aquello que querríamos expresar o pensar en situaciones y contextos que nos desbordan. Beber de esa realidad es atender igualmente a toda la evidencia empírica a la que tenemos acceso como sociedad. Pero también escuchar las reclamaciones de esas experiencias que no encuentran conceptos y marcos para ser pensadas y expresadas, reconocidas en última instancia. La filosofía (aplicada) es un esfuerzo por el reconocimiento a través del pensamiento y la expresión; es la forma más plena que tiene de contribuir a la transformación de la realidad.


54 views
  • Black Instagram Icon

©2019 by Madrid Philosophy Network